Tuesday, November 28, 2006

Soy mujer y no se leer los mapas

En mayo vine a vivir a Madrid, al barrio de la Prospe, y en junio me cambié de trabajo, a una parada de metro de Avenida de América. Estando tan cerca, tardaba media hora en llegar al curro, un poco mucho me parecía pero pensaba country: "Claro, esto es Madrid, las distancias son diferentes y los coches sí te atropellan". Un día de ese otoño tan verano que hemos tenido decidí ir andando siguiendo por la calle lo que pensaba sería la ruta exacta del subterráneo. 30 minutos exactos, así que me puse toda contenta pensando que tardaba lo mismo y tenía dos opciones la mar de buenas las dos. Bueno, mejor a pie, porque al ser una sola parada se esfuma todo lo bueno del metro (leer más de una página de un libro, escuchar más de tres canciones, observar a la gente) y sin embargo en mi parada en concreto se multiplica todo lo malo (interminable caminata hasta llegar al andén con un calor que clama al cielo y parece hecha para que el usuario agobiado tire de su reserva de ansiolíticos) Total, que hoy me levanté con ganas de aire y con un poco de falta del mismo y decidí ir andando y, mientras lo hacía, después de tantos meses, empezó a dibujarse en mi cabeza el plano de mi zona de influencia y me di cuenta de que estaba dando un pirulo de no se ni cuantas manzanas. A la vuelta por la noche he cambiado el rumbo preguntando a las señoras y tate, 15 minutos justos. Hace tiempo que dejé de enfadarme conmigo misma por estos despistes, porque no le hacen daño a nadie más que a mí y porque quiero creer que forman parte de algo más grande. En este caso creo que encontrar el camino idóneo a casa es una parte de algo que siento me está pasando, y es que estoy empezando a encontrar mi sitio en esta ciudad (siempre con fecha de caducidad, claro) Recuerdo que cuando viví en Coruña encontré mi sitio muy pronto y ahora estoy casi segura de algo tuvo que ver el hecho de que los primeros días que estuve allí me los tiré recorriendo sola y a pie toda la ciudad, aunque no voy a negar que tener la playa a un lado y el puerto al otro ayuda bastante a orientarse y a encontrar aire, y que las calles se laman cosas como Calle Sol, también. Aquí, y desde hoy, veré todos los días a mi Príncipe de Vergara, que me lleva como el camino de baldosas amarillas directa a mi destino y espero me muestre miles de estampas castizas.

2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

jajaja, es que esto que cuentas es tope tú!!!! me encanta!!! estas "patosidades" son las que nos hacen descojonarnos al meter las llaves en el portal... y eso no es poco!!!
Yo ayer estuve riéndome sola toda la tarde porque una de mi curro mandó un mail preguntando si alguien había visto una escalera con pegatinas, y otro le contestó que la había visto bajando la Castellana, y que aunque le pareció extraño, no le dijo nada... ya ves tú la chorrada... en fin!!

1:53 PM

 
Blogger tartaleta said...

gracias por los ánimos chicos, ahora se que la cubierta de leganés es... eso!

2:02 PM

 

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